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La Revolución debe hacer Justicia

Tarsicio García Díaz
Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM

A partir del 28 de septiembre de 1810, el gobierno de la capital del virreinato rompe el silencio haciendo pública la revolución iniciada en él pueblo de Dolores. En sólo 12 días con sorprendente celeridad, Hidalgo había logrado someter una área geográfica considerable con poblaciones como San Miguel el Grande, Chamacuero, Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao. El mismo día en que los habitantes de la ciudad de México se enteraban por la Gaceta del Gobierno de estos sucesos, el contingente de Hidalgo tomaba por asalto la próspera Guanajuato.

Con la Gaceta y otros impresos el virrey Francisco Javier Venegas iniciaba una bien planeada ofensiva de condenación y descrédito contra lo que el propio virrey llamarla después “los insurgentes”. Obispos, Inquisición, Audiencia, Consulado de Comercio, corporación de letrados, comunidades de indios y autoridades de las provincias, respaldaron la campaña ideológica emprendida por el virrey; pero toda propaganda fue ineficaz para frenar ya el movimiento libertario.

Hidalgo, por su parte, difundía por medio de las intimaciones de rendición, proclamas y decretos, los objetivos y la justificación de1 movimiento; durante su estancia en Guadalajara contó con el instrumento idóneo para contrarrestar la propaganda negativa de los realistas: El Despertador Americano, primer periódico de la insurgencia. Del contenido ideológico de toda esta literatura de gran espontaneidad y escrita de manera apresurada por las circunstancias de la lucha, se pueden deducir dos claros propósitos: 1) Quitar el poder político y económico al español en beneficio de los americanos; y 2) renovar el sistema político social con base en la autodeterminación y la igualdad natural de sus habitantes, esto es, construir una patria. Las argumentaciones en parte están inspiradas en la visión racionalista de la Ilustración, pero por el carácter popular del movimiento, se impusieron los principios románticos; el toque de lo sentimental y el incentivo de la riqueza, propiciaron el levantamiento masivo de los pueblos.

Las razones que justificaban la eliminación del español en el predominio político y social eran múltiples; de unas, se podían ofrecer testimonios evidentes, pero de otras, por falta de información se interpretaban de acuerdo a los propios intereses. El grito de ¡muera el mal gobierno!, que se escuchó desde el atrio de Dolores, tenía como fundamentos:

1º. Los españoles son reos de alta traición; los de España, porque una parte ha reconocido al intruso José Bonaparte como rey, la otra parte, la que dirige la resistencia y ha jurado fidelidad a Fernando VII, ha fracasado por anteponer intereses personales, engañando al verdadero pueblo español que se ha sacrificado. Los españoles que gobiernan la Nueva España, no han previsto su defensa contra una invasión francesa, a lo que había que añadir la ilegal destitución del virrey Iturrigaray. La fidelidad al monarca español, era un punto delicado, su, imagen de autoridad estaba en la conciencia del pueblo y sostenida por la fuerza moral del clero; por el momento, había que tomar el partido de la fidelidad a Fernando VII.

2º. Por los 300 años de agravios cometidos por los españoles contra los americanos: despojos, esclavitud, explotación, crueldad, prohibiciones, etcétera. En esencia, la falta de respeto a los derechos naturales, era la causa de la riqueza del español y de la miseria del indiano. La historia, de tres siglos es el testimonio fiel de estos agravios.

3º. El afrancesamiento del español ponía en peligro la religión; si, España se perdía y era invadida la América por Napoleón, la irreligión y la inmoralidad penetrarían a este continente. La conducta poco edificante de los españoles de las ciudades importantes de Nueva España, era el reflejo de la influencia francesa.

La religión fue manipulada para desacreditar a insurgentes y realistas. Abad y Queipo, obispo electo de Michoacán, y el arzobispo de México, Lizana y Beaumont, fulminaron sus excomuniones contra los caudillos insurgentes, seguidores y benefactores; de igual manera los edictos de la Inquisición llamaron a cuentas y condenaron a Hidalgo. Sin embargo, tuvieron: poca efectividad, pues el mismo clero puso en duda su legalidad. En un impreso, Hidalgo rechaza las acusaciones del Tribunal de la Inquisición por entremezclar lo político con la religión. Con frecuencia se emplea la Divinidad como protectora de unos u otros. iViva la Virgen de Guadalupe!, fue el grito más emotivo y aguerrido del inicio de la revolución de independencia.

El derecho del americano a regir su propio destino y gozar de la riqueza que le rodea, ser dueño del fruto de su trabajo y poder vivir con seguridad, sólo era realizable mediante la organización de un estado social independiente y libre. Hidalgo emplea con frecuencia el término de estar “autorizado por la Nación”, y es más explícito en su comunicación al intendente de Guanajuato del 21 de septiembre, en la que textualmente expresa el reclamo de los derechos “de que se ha despojado a la Nación Mexicana”. La propuesta de los criollos del Ayuntamiento de 1808, sobre la formación de una asamblea o congreso representativo de las ciudades, villas y pueblos, perdura en los proyectos de Hidalgo, quizá con una apertura mayor a la democracia popular.

Con frecuencia, junto a la justificación y metas de la revolución, aparece un enérgico reclamo a los americanos, en especial a la clase criolla qué tiene recursos y no se une a la causa insurgente; el llamado, conforme avanza el tiempo, se vuelve angustioso, pues en buena medida, el éxito de la contienda lo podía definir este grupo, alarmado y escarmentado por el giro de una revolución auténticamente popular.

En El Despertador Americano y en una proclama de Hidalgo, posterior a la derrota de Puente de Calderón, se presentan argumentos de fuerte impacto para los criollos “que aún militan bajo las banderas de Calleja”. ¿No se unen por fidelidad a la patria? La verdadera patria es la América, “la madre legítima que os concibió en su seno”. Aquí deben estar sus intereses, despierten y escuchen el ruido de sus cadenas. ¿Miedo a la excomunión?, es ilegal, un ardid del enemigo ¿Temor al poder español? Su única fuerza son ustedes. Hidalgo sabía mejor que nadie, que los intereses de este grupo criollo habían sido afectados: minas, haciendas y capitales; por lo que expresa que forzosamente toda revolución impone sacrificios y privaciones. Dar término a la lucha era lo mejor para todos.

El proceso ideológico de la insurgencia después del sacrificio de los primeros caudillos, se enriquecería con las aportaciones del grupo letrado que colaboró con la Suprema Junta Americana para culminar con el establecimiento del Congreso de Chilpancingo y la promulgación de la Constitución de Apatzingán.